top of page
Buscar

¿Por qué NO ir a terapia? (Y otras excusas que nos decimos).

  • Foto del escritor: Leila Casqueiro
    Leila Casqueiro
  • 14 ago 2025
  • 3 Min. de lectura

A veces parece que ir a terapia es como ir al gimnasio: todos te dicen que te vendría bien, pero siempre hay una buena excusa para no dar el paso. Si alguna vez has dicho o has pensado alguna de estas frases, tranquila/o: no estás sola/o. Yo misma en su momento me he visto atrapada en alguna de ellas.

Vamos a repasar aquellas más frecuentes con un poco de humor... y ver la realidad que esconden.

  1. "No estoy tan mal"

    Claro, lo ideal es esperar a estar en el fondo del hoyo, mientras todo se derrumba alrededor. Así será más fácil, cuando lleguemos a consulta, recuperarnos (ironía ON).

    La realidad: la terapia no es solo para apagar grandes fuegos, también sirve para prevenirlos. Como cuando hacemos deporte para sentirnos mejor. Además, el riesgo de venir a terapia cuando el malestar está muy muy acentuado es que tengamos que acudir durante más tiempo para aliviar ese malestar, por ejemplo.

    Pregúntate: ¿Y cuando es el momento de decirnos que ya estamos lo suficientemente mal para ir? El malestar, sea en la intensidad que sea, es válido y suficiente para darte permiso de dejarte ayudar.

  2. " Ya se me pasará"

    Porque el tiempo lo cura todo… o al menos eso nos gusta creer. A veces, lo que hace el tiempo, es que entierra bajo capas de cansancio y distracción el malestar.

    La realidad: Si llevas tiempo esperando a que algo cambie solo, quizá lo que necesites no sea tiempo, sino atención profesional.

    Pregúntate: ¿Necesito más tiempo o quizás más atención a lo que me pasa?

  3. "Tengo que poder sola/a"

    Cierto, pedir ayuda es de débiles, no? Eso parece que nos enseñaron.

    La realidad: Ser fuerte no significa cargar con todo sin ayuda. La verdadera fortaleza está en reconocer que una/o no tiene que hacerlo todo sola/o y buscar apoyo.

    Cuando ésta creencia está muy presente suele costarnos mucho arrancar y pedir ayuda, pero créeme, al final si no lo haces tú, es muy posible que tu cuerpo lo haga por ti: insomnio, dolores de cabeza, de barriga, de espalda... y cosas más difíciles de creer me he encontrado: desde "un brazo que no puedo mover", "una bola en la garganta que no me deja comer" o "se me ha paralizado medio lado del cuerpo y me dijeron que era por estrés".

    Pregúntate: ¿Está mi cuerpo pidiendo ayuda por mi ya? ¿Es necesario esperar a que él lo haga?

  4. "No quiero remover cosas del pasado, me da miedo"

    De sobra sabemos que meter las cosas bajo la alfombra hace que éstas desaparezcan, verdad?. Lo sé, a veces es la mejor estrategia y nos permite ir sobreviviendo... pero no viviendo. Por más que lo intentemos éstas no desaparecen, se acumulan.

    La realidad: En terapia no removemos sin más. Intentamos mover e integrar lo que está escondido ahí para poder vivir y dejar de sobrevivir. Esto no se hace a correr, sobre todo si debajo de la alfombra hay demasiada basura. Vamos muy poco a poco, respetando el ritmo de cada persona y, sobre todo, respetando a esa alfombra que tanto nos ha ayudado todo este tiempo.

    Pregúntate: ¿Hasta cuando va aguantar esa alfombra?, ¿Disfruto realmente sobreviviendo?.

  5. "No me va entender, es una desconocida"

    Claro, todos sabemos que para entender tu malestar hay que haber vivido exactamente tu misma infancia o conocerte desde el colegio, por ejemplo.

    La realidad: A veces lo que necesitamos precisamente es una persona que nos guíe desde fuera, sin juicios y expectativas de nosotras y que, además, cuenta con una formación específica para ayudarnos a poner en orden todo ese lío mental que tenemos.

    Pregúntate: ¿Necesitas a alguien que ya tenga una idea preconcebida de ti o precisamente todo lo contrario?.

  6. "No tengo tiempo"

    Cierto, suele haber tiempo para todo menos para una/o misma/o.

    La realidad: una hora cada quince días (habitualmente) no suele ser demasiado tiempo si nos paramos a pensar en qué otras cosas lo ocupamos. A día de hoy, tenemos la opción online y nos evitamos tiempo en desplazamientos.

    Pregúntate: ¿Hay algo en lo que pueda flexibilizar para poder empezar a atenderme?


En resumen: si no vas a terapia que sea porque realmente no lo necesites pero no porque estas excusas te frenen. Estar bien contigo merece la misma atención ( o más si me lo permites) que cualquier otro aspecto de tu vida. Y, créeme, el paso más valiente que una persona puede dar es pedir ayuda.

Dejo por aquí esta canción de Valeria Castro, cualquiera de ella llega muy dentro, pero esta espero que te toque especialmente:


Y recuerda, si crees que es momento de dar el paso, no dudes en escribirme.

Un abrazo,


Leila.

La vulnerabilidad como fortaleza
La vulnerabilidad como fortaleza


 
 
 

Comentarios


bottom of page